lunes, 14 de diciembre de 2015
Cuando vencí al miedo del que dirán
Muchas veces en el trabajo, se dan situaciones de control de poder en los miembros de un equipo de trabajo donde algunos quieren demostrar más poderío frente a los demás. Desafortudanamente, estas actitudes no son constructivas para el grupo, sino que denotan en conflictos, pérdida de confianza y su posterior desintegración en el peor de los casos. Al lider de un grupo siempre se le considera que es una persona idonea que no se declina por algún subalterno o miembro del equipo y que juzga con equidad y transparencia el trabajo de cada uno de sus súbditos. Sin embargo, esta no es la realidad de muchas compañías y, por diferentes motivos, muchas personas no son capaces o no saben expresar sus puntos de vistas en contra del status quo que algunos irresponsablemente quieren imponer, posiblemente, para alimentar su ego. Entre esas personas, me incluyo. He pasado por varias malas experiencias por no tener esa calentura o esa rebeldía como dicen muchos en el ámbito de fútbol, sino que he sido de las personas que, por temor, ha preferido estar en subordinación en un ambiente donde colegas tienen una mentalidad narcisa, donde ellos creen que la solución a los problemas es válida sólo desde su punto de vista. Adicionalmente, aceptar acuerdos que van en contra de mis intereses, el cual cuando he querido reflexionar, siento mucho remordimiento por ese error cometido. Esto no sólo aplica a la empresa, aplica a todo en la vida, es decir cuando alquilas una habitación, cuando estudias, cuando tienes un negocio, cuando tienes una relación amorosa, cualquier cosa. Uno en la vida no tiene porqué ser del agrado a los demás, uno tiene que actuar para el agrado de uno mismo en cierto modo. Con esto no quiero decir que uno debe ser un narciso y condenar la reglas de comportamiento que hay en la sociedad o ser anarquista. No. Lo que digo es que uno debe ser una persona consciente en que muchísimas ocasiones no estaremos de acuerdo con el punto de vista de otra persona, por lo que debemos tener la valentía de discrepar y no evitar la situación de confrontación. Como dice mucha gente en mi país: es preferible un día rojo que varios días rosados. Por experiencia, me he dado cuenta lo sabio que es la Ley de la Inercia del grandísimo científico que fue Isaac Newton: cuando un cuerpo está movimiento y, luego, se le intenta detener inmediatamente, éste sigue su trayectoria decreciendo su velocidad hasta detenerse, es decir, el cuerpo no se detiene abruptamente, conservando su estado de movimiento anterior. Lo lindo de esta Ley es que no sólo puede verse en muchos campos de la física, más alla de lo que se pudo imaginar Newton, sino que se puede ver en la vida misma. ¿Que pasaría si uno se acostumbra a vivir en un trabajo o en un arriendo cuyas condiciones son adversas para nuestros intereses? ¿Que pasaría si uno se acostumbra a aceptar, siempre y sin pedir justificación, las críticas que hacen otras personas contra uno? Entonces, digamos que te despiden o te maltratan. ¿Que diría la Ley de Inercia? Actuaremos controlados por nuestro estado anterior, aceptando acuerdos que nos afecten, por ejemplo, debido a la costumbre. Cuando nos acostumbramos más tiempo (meses y años) es más dificil cambiar de mentalidad debido que nuestra inercia es mayor. Sin embargo, cuando nos alejamos de esos escenarios, nos damos cuenta, con el pasar del tiempo, que pudimos haber actuado de otra manera y nos maldecimos porqué fuimos tan estúpidos. Por esta razón, es que cuando alguien consigue un trabajo o se acepta un arriendo o alguna relación sentimental no hay que acostumbrarse a soportar malas situaciones, hay que ser personas que no len den miedo contradecir a las otras si la situación lo permite. Si la persona o organización se pone agresiva, en consecuencia, hay que responder a la altura de las circunstancias, evitando en lo posible igualarse, pero sin dejar de perder la agresividad y la rebeldia en el sentido figurativo del término. Desafortudamente, en el contexto laboral, no es suficiente ser bueno en lo que se hace, si la persona es pusilánime y "arrastrada" con las decisiones de su jefe y colegas, seguramente, lo va a pasar mal y probablemente termine despedido a largo plazo ya que, por ejemplo, algunos de sus colegas le tiendan una trampa o lo descalifiquen a pesar de que sea bueno en lo que hace. Por lo tanto, ser arrastrado, lambón, pasivo y actuar para el que dirán de las personas, como dice mucha gente, no ayuda a conseguir objetivos en nuestro proyecto de vida. Ojalá algun día el trabajo en las empresas sea como en el fútbol donde todos, a pesar de que unos jugadores sean más habilidosos que otros, juegan pensando en equipo y no en mostrar sus egos y competir entre ellos. Esto aplica a la vida misma.
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